La Kodak Brownie número cero de 1914
La publicidad de la época decía que era una cámara divertida, capaz de hacer grandes cosas y “diseñada para los buenos momentos”, además de tener un precio asequible:
La caja estaba hecha de madera y cubierta con piel; contaba con una palanca de tracción en la parte superior de la cámara para exposiciones que quedaban reflejadas en la película de rollo tipo 127, de 1 ¾ por 2 ½ pulgadas, capaz de almacenar siete instantáneas que no necesitaban de un cuatro oscuro para ser procesadas.
La promoción en prensa también incidía en la extraordinaria nitidez de las imágenes gracias a la lente ‘tipo menisco’ que corregía la aberración esférica de una lente plano convexa, todo un avance tecnológico para la época. Esta cámara fue donada hace algunos años al museo por D. Francisco Javier Pascual Sánchez y su esposa Dª. Ángela Martos Mota.

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