El pupitre escolar
(…) Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en
Y
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón
(Antonio Machado)
Estos versos del poema ‘Recuerdo infantil’ del gran poeta sevillano, definen el ambiente de un colegio de antaño, donde el pupitre era el espacio de trabajo del alumno. Este elemento tenía unos huecos para depositar los tinteros de porcelana, baquelita o cristal y ranuras para colocar las plumas y los lápices. Solían formar filas paralelas frente a la pizarra y la tarima del profesor dentro de un aula poco o nada participativa, donde los contenidos eran aprendidos mediante la repetición constante y rutinaria.
Con
los años el mobiliario escolar fue evolucionando en su diseño y no fue hasta
finales del siglo XIX y principios del XX cuando se impuso el llamado pupitre
bipersonal con asientos abatibles y mesa integrados. Este modelo de pupitre
perduraría hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.
La
mesa-banco de la fotografía se puede contemplar en la primera planta del museo
y es una cesión en depósito de D.

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