El guarnicionero, maestro artesano


 

El avance de la técnica en las labores del campo con la introducción de maquinaria en las faenas agrícolas trajo consigo que ya no fuesen tan necesarios los animales que realizaban estos trabajos, y ello llevó a  una clara regresión en los pueblos del tradicional oficio de guarnicionero.

 Los guarnicioneros eran, ante todo, artesanos especializados en los aparejos o guarniciones de las caballerías de tiro, como el cabezal, la collera, el horcate etc., que solían adornar con bordados, cascabeles, borlas, trenzados, flequillos y tachuelas, formando, a veces, primorosos dibujos.

 La materia prima que empleaban era la piel de vaca y el proceso de fabricación pasaba por el curtido de la piel y el raspado de ésta, seguido por el patronaje y corte y por último el cosido de la pieza. Entre los utensilios que utilizaban se encontraban la lezna, las agujas, las cuchillas, además de tenazas, martillos y rajadores y una pieza compuesta por tres maderas en forma de Y llamada machota o tabla del guarnicionero, que le servía como gato para sujetar el cuero mientras realizaba el cosido de la pieza.

 La época de mayor esplendor de este oficio se desarrolló desde las últimas décadas del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX; la introducción paulatina de maquinaria en las labores del campo hizo que los animales dejaran de ser útiles para estas tareas. En la sala de agricultura, ganadería y transporte de nuestro museo (1ª planta), pueden contemplarse algunos elaborados trabajos de estos casi extintos maestros artesanos.

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